Vivir sin plástico: mi desafío en Nueva York

por Chris Thaller,
Head of Creative Projects en Runtastic

¿Por qué es tan importante renunciar a los productos plásticos de un solo uso?

  • El plástico está por todas partes: Cada minuto se compran 1 millón de botellas de plástico en el mundo. Y si a eso le añadimos todos los envases y las bolsas de plástico que se tiran cada día, nos podemos hacer una idea de la increíble cantidad de basura que producimos en 24 horas.
  • ¡Lo más alarmante es que el plástico no desaparece! Se fragmenta en trocitos diminutos conocidos como microplásticos. Tarde o temprano, esas pequeñas partículas van a parar a las aguas subterráneas o a los océanos donde suelen ser ingeridas por la fauna marina.
  • Terminamos comiendo plástico: Comemos pescado, así que si los peces están comiendo plástico, significa que la basura que producimos termina entrando en nuestro cuerpo. Por desgracia, no mucha gente parece darse cuenta de la gravedad del problema.

Es hora de actuar y de hacer conciencia de la contaminación que causamos.

Montañas de plástico en una playa

Esta es la razón por la que me he animado a compartir mi experiencia intentando vivir sin plástico.

Un dato curioso:

Desde que empecé a hacer un esfuerzo por no comprar productos que vinieran en envases de plástico, he perdido bastante peso. Antes me encantaba ver partidos de fútbol comiendo patatas fritas, pero algo tan simple como sentarse en el sofá con mi snack favorito se convirtió en una odisea.

Mi experiencia sin plástico

Todo empezó en un viaje a la ciudad de Nueva York.

Iba de camino al último gran evento de adidas x Parley Run for the Oceans que se celebraba con motivo del Día Mundial de los Océanos. Nuestro objetivo era sensibilizar a los usuarios sobre el problema de la contaminación por plásticos en los océanos y yo me sentía muy comprometido con la causa.

“Aquí tiene su comida, caballero” me dijo amablemente la azafata ofreciéndome el almuerzo durante el vuelo. Esta frase terminaría transformando completamente mi experiencia en Nueva York.

Cuando terminé de comer, me quedé sorprendido y asustado por la enorme pila de desechos plásticos que acababa de crear.

¿Acaso no me dirigía a un evento que trataba de promover lo contrario? ¿Y no era mi plan intentar que la gente usara menos plástico?

En ese momento me di cuenta que tenía que actuar y desafiarme a mí mismo, así que decidí que durante mi estancia en Nueva York, no consumiría nada que viniera en envases de plástico.

Primer día – El café para llevar

El primer día en Nueva York teníamos programada una reunión muy temprano por la mañana, así que de camino al trabajo nos paramos a comprar café para llevar. Desafío número uno: no había metido en la maleta mi taza reutilizable, ¿podría beber mi dosis de cafeína de los típicos vasos de usar y tirar?

¿Son realmente reciclables los vasos desechables?

A pesar de que técnicamente parecen reciclables, desde una perspectiva realista no lo son. Están principalmente fabricados con papel, pero tienen una fina capa de plástico polietileno que los hace resistentes al líquido.

La única opción que tuve fue quedarme sin café. Pero ese mismo día me compré una taza reutilizable hecha de bambú y me ahorré el desafío de la cafeína durante el resto del viaje.

Segundo día – Montañas de plástico

El segundo día me desperté con ganas de ir a correr temprano por Nueva York, así que me puse las zapatillas y salí a disfrutar de una sesión de running por la Gran Manzana. Pero de camino al Central Park, me quedé impresionado con lo que vi: había plástico por todas partes.

A medida que corría iba viendo bolsas y más bolsas de basura alineadas en la acera. En ese momento mis ojos solo veían montañas de plástico y me dieron qué pensar: evidentemente alguien se iba a encargar de llevarse esas bolsas, ¿pero a dónde iba a parar toda esa cantidad de plástico?

Pilas de plástico

Tercer día – La botella de agua

El tercer día habíamos planeado ir a ver la ciudad y después de una visita de tres horas al distrito de Manhattan, fui a comprar algo de comer.

Me puse como loco a buscar algo que ofreciera opciones saludables que no vinieran en plástico. Recorrí cielo y tierra buscando alternativas y, tras entrar a 25 restaurantes que solo tenían envases de plástico, estuve a punto de tirar la toalla. ¡Menos mal que al final encontré un sitio que servían comida envuelta en papel o en platitos de madera!

No obstante, a la hora de pedir al camarero que llenara mi cantimplora de aluminio con agua del grifo… mi gozo se fue al pozo (¡y no para saciar mi sed precisamente!).

El camarero me dijo que solo podía darme agua en una botella de plástico. Por motivos de higiene, no tenía permiso para coger mi botella y llenarla de agua en el restaurante, así que la única opción era aceptar un vaso de plástico.

Comida sin plástico

El último día – De vuelta a casa

Durante mi estancia en Nueva York, conseguí cumplir los objetivos que me había propuesto con el desafío del plástico, pero sabía que aún me quedaba un obstáculo: el vuelo de vuelta a casa.

Esta vez tuve que renunciar al menú que me ofreció la azafata y pensar con antelación en posibles alternativas:

Me llevé un sándwich de verduras envuelto en papel, llené la cantimplora en el aeropuerto y compré dos manzanas para el postre. ¡Conseguí seguir el reto hasta el final!

Nuevos hábitos sin plástico

Mi experiencia en Nueva York me animó a renunciar al plástico de un solo uso:

  • No he vuelto a comprar una sola botella de plástico en dos años y me he comprado productos reutilizables
  • Ahora siempre llevo una taza reutilizable para el café, una cantimplora y una bolsa de algodón
  • Siempre llevo mis propios envases cuando voy a coger comida para llevar de mi restaurante favorito

Aún así, todavía estoy rodeado de plástico, pero sé que cada paso cuenta, así que si todos diéramos esos pasos hacia el buen camino, lograríamos mejorar las cosas.

Las 5 lecciones que me dio el desafío del plástico

  1. Es posible encontrar alternativas sin plástico, solo hay que esforzarse.
  2. Ahorras dinero porque terminas comprando menos.
  3. Pierdes peso porque comes menos u optas por opciones más saludables.
  4. Te sientes mejor porque contribuyes a una buena causa.
  5. Te acostumbras a una vida con menos plástico y cambias tu forma de hacer la compra.

Pero, sin duda alguna, la mayor lección de esta experiencia fue la sensación positiva que tuve al saber que con mi nuevos hábitos aportaba mi granito de arena a hacer del mundo un lugar mejor.

Sé parte del cambio y participa en Run For The Oceans a partir del 8 de junio y combate la contaminación por plásticos en el mar.

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